miércoles, 12 de agosto de 2020

 

LOS TRES PAJARITOS

 

Este cuento se lo contó mi abuela a mi mamá, ella me lo contó a mí, yo se lo

conté a mis hijos, mi hijo te lo contará a vos y vos quizás algún día se lo contaras a tu hijo.

Así son los cuentos, un día alguien lo escribe, lo cuenta y comienza a volar, sus alas se despliegan y el vuelo es infinito, quizás se cambien algunas palabras, algunos personajes, pero el  contenido y la moraleja quedará intacta, esa fue la idea del escritor.

Bueno mejor vamos al cuento.

 

Era primavera, el clima era lindo, los pajaritos revolotean buscando donde hacer un nido para poner los huevitos que nacerán pichones.

Muy pronto aparecen lo cuidaran la mamá y el papá pajaritos, se van turnando, para ir a buscar comida y calentarlos, por que para que nazcan los huevitos tienen que permanecer calentitos hasta el día que rompan el cascarón y aparezcan.

Así fue como llego el día, el sol brillaba en lo alto, era un hermoso día, el primero en romper el huevito fue el pajarito blanco, luego el otro con plumas amarillas y por último el más pequeño tenía plumitas grises.

Los papás estaban muy contentos y entretenidos buscándoles gusanitos para alimentarlos, ya que los pichones eran muy chiquitos para volar, tendrán que esperar a crecer para poder hacerlo.

Esto se lo contaron para que no se le ocurriera volar solos del nido, ellos a medida que crezcan se lo irán enseñando, entonces aprenderán a volar solos.

Pasaron unos días. Por una razón importante los papás pajaritos debieron salir juntos, los pichones quedaran solos, las recomendaciones fueron muy claras, que no se les ocurra a ninguno de los tres, salir del nido, todavía no es tiempo y abajo en el piso del árbol todo es muy peligroso para ellos.

Los tres contestaron juntos, que se iban a portar bien, que de allí no se moverían.

Los papás se fueron.

Al poco tiempo el pajarito de plumas blancas que era un poco travieso dijo que él ya era grande que iba a volar fuera del nido.

Comenzó a mover sus alitas y les decía que el podía volar como sus papás. Sus hermanos trataron de hacerle entender que no lo haga que se caería. Pero lamentablemente el pajarito de plumas blancas no escuchaba, así que batió sus alas y comenzó a revolotear alrededor del árbol burlándose de sus hermanos que no querían salir a volar como él.

Dio una vuelta, dio dos vueltas y a la tercera ya no tenia fuerzas en las alitas. Quiso llegar al nido pero caía cada vez más, hasta que cayó contra la tierra que por suerte había un poco de pasto y amortiguó el golpe .

Ahora en el suelo como hará para retomar el vuelo y llegar al nido. Los hermanos desde arriba piaban llamándolo pero no lo podían ayudar.

Entre tanto ruido de pajarito se escuchó maullar un gato.

Todos sabemos que para los gatos el plato preferido son los pajaritos, así que imagínense el miedo terrible que sintió el pajarito de plumas blancas y sus hermanitos que no lo podían ayudar.

El maullido del gato se escuchaba cada vez mas cerca.

De pronto se escucharon unos pasos de dos chicos que venían corriendo estaban jugando por el parque, eran Vicente y Antonia, que justo estaban pasando bajo el árbol que había caído el pajarito. Antonia lo levantó y notó que temblaba mucho. Vicente miró hacia arriba del árbol y vio el nido. 

              

                            (Antonia, Vicente, el árbol y el pajarito en el suelo. Hay un hermoso sol, así lo vio Vicente)

 

Corrió hasta su casa a buscar una escalera, subió hasta el nido y lo colocó junto a sus hermanos.

El gato cuando escuchó a los chicos escapó a la casa del vecino que le da de comer.

Los tres pajaritos estaban muy asuntados por lo que pasó.

Vicente bajó y fue a su casa a contarle a sus papas lo que había pasado con el pajarito que se había caído.

Al nido llegaron los papás de los pichoncitos que al ver como temblaban se asustaron y preguntaban preocupados que había pasado. Ellos no se animaban a contarles que al pajarito blanco casi se lo come un gato por desobedecerlos y salir a volar cuando todavía no era tiempo.

De no haber sido por Vicente y Antonia que llegaron a tiempo quien sabe que hubiera pasado.

Así fue como el pichoncito de plumas blancas les  contó lo que había pasado. Los papás se enojaron mucho, y ellos prometieron que nunca mas desobedecerían y que solo volaran cuando sus alas se lo permitan.

Vicente y Antonia recordaran esta historia, y entender que siempre hay que escuchar a lo que dicen los papás, que ellos saben lo que dicen para cuidarnos y no nos pase nada malo.

…Y este cuentito así  terminado.

 

Abu Mari

Ilustración: Vicente Gautié 5 años

 

11-8-2020

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