lunes, 29 de junio de 2020

LA NOCHE DE LOS FAROLITOS (Cuento para Vicente y Antonia)

LA  NOCHE DE LOS FAROLITOS
 

LA NOCHE DE LOS FAROLITOS

 

 

Era la tarde noche del 21 de junio.

En algún lugar lejano, cuatro duendes preparan sus farolitos.

El solsticio está por comenzar.

Los duendes Priscob, Igor, Jurry y Truppty van a iniciar su recorrido para encontrarse en el centro del bosque cuando finalice el solsticio, el 21 de diciembre.

Cada uno creó su propia Luz, que los alumbrará en las noches oscuras y frías del camino a recorrer

Igor tiene el andar lento. En su camino se encuentra con una mariposa, hace frío, ella se posa sobre su hombro derecho y le susurra al oído que tiene frío y está todo muy oscuro, salta y se posa sobre su otro hombro y le pide amablemente que le otorgue un poco de su luz y calor.

Igor la mira, pero escucha la voz de la noche que le dice, ¡Que siga con su luz! que si  la escucha y se le da, él perderá la suya quedándose a oscuras, sin luz.

Igor sigue caminando ignorando el pedido de la mariposa.

Hace frío. Ella y  ciento de mariposas grises por la oscuridad suplican a Igor. Sin dudarlo más y no escuchando a la oscuridad, les entrega el farolito con la luz de su corazón.

Priscob es más ágil, lleva con orgullo al centro del bosque el calor y luz en su farol.

Transcurren los días y las noches, en un atardecer luego de días de lluvia y frío, un pájaro carpintero se le presenta a Priscob que se había sentado en una roca a descansar de tan larga caminata y le suplicó para él y todos sus amigos los pájaros, si podía darles un poco del calor de su luz.

La voz de la noche apareció y dándole un grito le dijo: -¡NO!, ¡Si le das tu luz te quedarás a oscuras, no lo escuches!

Priscob lo miró y en la penumbra del anochecer notó la tristeza en los ojos del Pájaro Carpintero y en la de sus amigos que estaban acurrucados en las ramas de los árboles.

Entonces tomó el farolito iluminado y se lo entregó para que ellos tuvieran luz y calor.

Priscob se acurrucó, cerró los ojos y se durmió.

Al amanecer el sol al verlo dormido se le acercó y nutrió con sus rayos el corazón de Priscob, como antes había hecho con Igor.

Él no lo sabía y siguió su camino para llegar al centro del bosque el día  indicado.

Pensando que no tendría luz para dar.

Jurry el tercer duende se entretuvo jugando con los niños que encontraba por el camino.

Una noche de mucho frió, oscura y fea, un grupo de niñitos le contaron que estaban perdidos.

Si él podía darles su luz para encontrar el camino y regresar a sus casas.

Jurry ni lo pesó, amaba a los niños así que entregó toda su luz a ellos.

Él sabía el camino y llegaría a tiempo al centro del bosque, aunque ya no tendría luz para llevar.

Estaba muy cansado y se acostó a dormir, pero antes la voz de la noche le recriminó lo que había hecho, ahora estaba sin luz como la noche y ella no quería que nadie la igualara, pero Jurry estaba tan cansado que se durmió.

Al amanecer el sol sin que él lo descubriera llenó su corazón de luz.

Truppty el cuarto duende, se atrasó.

Se despidió de su novia con mucha ternura y emprendió el largo viaje con un hermoso farolito que ella le había ayudado a construir.

Se alejó cantando.

Así pasaron los días y las noches siempre perseguido con la voz de la oscuridad que le decía que no le entregara a nadie su luz.

Un anochecer se encontró con un grupo de búhos para pedirle que le entregara la luz porque no querían vivir más en la oscuridad. Allí se presentó la voz de la noche para oponerse a tal pedido, ya que los búhos eran sus fieles sirvientes en la noche.

Pero Truppty no escuchando a la oscuridad, entregó su luz a los búhos que muy alegres partieron iluminados por primera vez.

La alegría se reflejaba en el rostro de Truppty, aunque su corazón se encontrara sin luz. Entonces se durmió.

El sol que estaba escondido pero observando siempre, bajó sigiloso y llenó su corazón de luz y calor sin que él se diera cuenta.

A la mañana siguiente Truppty emprendió el camino a encontrarse con sus amigos, pensando lo vacío que estaba su corazón.

 

Llegó el 21 de diciembre

El solsticio comienza en el Norte.

Ellos se encontrarán en el centro del bosque.

Estaban tristes… porque ninguno llevaba la luz prometida.  

Grande fue la sorpresa cuando se encontraron y se dieron la mano, una gran luz salió de sus corazones e iluminó el bosque.

Allí estaban las mariposas, los pájaros, los niños y los búhos con sus

farolitos, para agradecer la luz y el calor que ellos le brindaron y ahora el corazón de los duendes estaba desbordando de luz, que el sol les había colocado, porque ellos no habían dudado en compartirlo con los que la necesitaban.

 

Así fue como el bosque se iluminó ¡¡y la luz y el calor brillarán por siempre en sus corazones!!

 

                                   Ángela María Rosa Leoni

                            (abu. de Vicente, Antonia y Julieta)

                                                       22/6/2020

 

 

 

 

 

 



22-6-2020

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