LA NOCHE DE
LOS FAROLITOS
Era la
tarde noche del 21 de junio.
En algún
lugar lejano, cuatro duendes preparan sus farolitos.
El
solsticio está por comenzar.
Los duendes
Priscob, Igor, Jurry y Truppty van a iniciar su recorrido para encontrarse en el centro
del bosque cuando finalice el solsticio, el 21 de diciembre.
Cada uno
creó su propia Luz, que los alumbrará en las noches oscuras y frías del camino
a recorrer
Igor tiene
el andar lento. En su camino se encuentra con una mariposa, hace frío, ella se
posa sobre su hombro derecho y le susurra al oído que tiene frío y está todo
muy oscuro, salta y se posa sobre su otro hombro y le pide amablemente que le
otorgue un poco de su luz y calor.
Igor la mira, pero escucha la voz de la noche que le dice,
¡Que siga con su luz! que si la escucha y se le da, él perderá la suya
quedándose a oscuras, sin luz.
Igor sigue caminando ignorando el pedido de la mariposa.
Hace frío.
Ella y ciento de mariposas grises por la oscuridad suplican a Igor. Sin dudarlo más y no escuchando
a la oscuridad, les entrega el farolito con la luz de su corazón.
Priscob es más ágil, lleva con orgullo al centro del bosque
el calor y luz en su farol.
Transcurren
los días y las noches, en un atardecer luego de días de lluvia y frío, un
pájaro carpintero se le presenta a Priscob que se había sentado en una roca a descansar de tan
larga caminata y le suplicó para él y todos sus amigos los pájaros, si podía
darles un poco del calor de su luz.
La voz de
la noche apareció y dándole un grito le dijo: -¡NO!, ¡Si le das tu luz te quedarás
a oscuras, no lo escuches!
Priscob lo miró y en la penumbra del anochecer notó la
tristeza en los ojos del Pájaro Carpintero y en la de sus amigos que estaban
acurrucados en las ramas de los árboles.
Entonces
tomó el farolito iluminado y se lo entregó para que ellos tuvieran luz y calor.
Priscob se acurrucó, cerró los ojos y se durmió.
Al amanecer
el sol al verlo dormido se le acercó y nutrió con sus rayos el corazón de Priscob, como antes
había hecho con Igor.
Él no lo
sabía y siguió su camino para llegar al centro del bosque el día
indicado.
Pensando
que no tendría luz para dar.
Jurry el tercer duende se entretuvo jugando con los niños
que encontraba por el camino.
Una noche
de mucho frió, oscura y fea, un grupo de niñitos le contaron que estaban perdidos.
Si él podía
darles su luz para encontrar el camino y regresar a sus casas.
Jurry ni lo pesó, amaba a los niños así que entregó toda
su luz a ellos.
Él sabía el
camino y llegaría a tiempo al centro del bosque, aunque ya no tendría luz para
llevar.
Estaba muy
cansado y se acostó a dormir, pero antes la voz de la noche le recriminó lo que
había hecho, ahora estaba sin luz como la noche y ella no quería que nadie la
igualara, pero Jurry estaba tan cansado que se durmió.
Al amanecer
el sol sin que él lo descubriera llenó su corazón de luz.
Truppty el cuarto duende, se atrasó.
Se despidió
de su novia con mucha ternura y emprendió el largo viaje con un hermoso
farolito que ella le había ayudado a construir.
Se alejó
cantando.
Así pasaron
los días y las noches siempre perseguido con la voz de la oscuridad que le
decía que no le entregara a nadie su luz.
Un
anochecer se encontró con un grupo de búhos para pedirle que le entregara la
luz porque no querían vivir más en la oscuridad. Allí se presentó la voz de la
noche para oponerse a tal pedido, ya que los búhos eran sus fieles sirvientes
en la noche.
Pero Truppty no
escuchando a la oscuridad, entregó su luz a los búhos que muy alegres partieron
iluminados por primera vez.
La alegría
se reflejaba en el rostro de Truppty, aunque su corazón se encontrara sin luz. Entonces
se durmió.
El sol que
estaba escondido pero observando siempre, bajó sigiloso y llenó su corazón de
luz y calor sin que él se diera cuenta.
A la mañana
siguiente Truppty emprendió el camino a encontrarse con sus amigos,
pensando lo vacío que estaba su corazón.
Llegó el 21
de diciembre
El solsticio
comienza en el Norte.
Ellos se
encontrarán en el centro del bosque.
Estaban
tristes… porque ninguno llevaba la luz prometida.
Grande fue
la sorpresa cuando se encontraron y se dieron la mano, una gran luz salió de
sus corazones e iluminó el bosque.
Allí
estaban las mariposas, los pájaros, los niños y los búhos con sus
farolitos,
para agradecer la luz y el calor que ellos le brindaron y ahora el corazón de
los duendes estaba desbordando de luz, que el sol les había colocado, porque
ellos no habían dudado en compartirlo con los que la necesitaban.
Así fue
como el bosque se iluminó ¡¡y la luz y el calor brillarán por siempre en sus
corazones!!
Ángela María
Rosa Leoni
(abu. de Vicente, Antonia y Julieta)
22/6/2020


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